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Marcos 8:14

En Jueces 6:13 Gedeón se atrevió a preguntar al ángel de Jehová, ¿dónde están los milagros de Jehová si Él está con nosotros?, y quizás muchos le preguntarán a Dios lo mismo hoy día. El problema de esta pregunta es que se está formulada a la persona incorrecta, pues cuando se detiene el fluir del poder de Dios en nuestras vidas no tiene que ver con Él, sino con nosotros.

Dios es el mismo ayer hoy y siempre, Él nunca cambia, Él siempre quiere, Él siempre puede, quienes cambiamos somos nosotros. En Marcos 8:14, nuestra lectura central Jesús mandó a Sus discípulos a cuidarse de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes que son practicamente lo mismo que hipocresía.

La religiosidad o el fariseísmo es una actitud que se centra en el hombre y su necesidad de ser reconocido como bueno y santo. El hombre toma el primer lugar dejando a Dios en segundo plano. La levadura de Herodes es la política, donde lo más importante es verse bien ante los hombre para lograr un objetivo que puede ser la popularidad o el poder.

Ambas levaduras tienen en común que buscan complacer al hombre y no a Dios. Hacen que quitemos nuestros ojos de Dios y los pongamos los hombres. El religioso no puede complacer a Dios porque está muy ocupado cumpliendo rutinas de hombres, por eso Jesús le llama hipócritas a los fariseos.

En Mateo 6:2 Jesús reprocha la hipocresía de los fariseos y cuando  habla de ellos está describiendo una religión de apariencia, donde están preocupados por cómo los ve la gente y no cómo lo ve Dios.

En Mateo 7:1 Jesús advierte contra una de los principales características del fariseo “juzgar a otros”. Los fariseos juzgan y critican a los demás para verse bien. Jesús advierte a los discipulos que no se dejen contaminar por el espíritu fariséico, porque estaban poniendo sus ojos en el hombre y no es Jesus.

Cuando quitamos los ojos de Dios y lo ponemos en lo terrenal el poder se apaga y dejamos de ver milagros. Pedro caminó sobre las aguas mientras miraba a Jesús, pero comenzó a hundirse cuando dejó de mirar al Maestro. No dejemos que la religiosidad de los hombres nos haga quitar los ojos de Dios para ponerlo en lo terrenal, pues mientras tengamos los ojos en esta tierra, no podremos experimentar la bendición de Dios. Busquemos primeramente el reino de de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido.

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