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1 Crónicas 21:1-27

La vida de David evidenciaba una constante dependencia de Dios y de Su misericordia a cada paso que daba o decisión que tomaba. Así logró una gracia sin igual ante Jehová, quien lo hizo ganar batallas, derribar gigantes y vencer a todos sus enemigos hasta llegar a ser uno de los primeros reyes de Israel. Pero el poder y la fama del rey David llenaron su corazón de orgullo por lo cual Dios tuvo que humillarlo.

Embriagado de vanidad y en total desobediencia a Dios decidió contar a sus soldados pensando que su éxito dependía del numeroso ejercito que ostentaba y de la misericordia que Dios le había extendido durante toda su vida.

El proceder de David encendió la ira de Jehová, por lo cual arrasó al pueblo y su ejercito hasta que se humilló ante Dios nuevamente, reconociendo Su omnipotencia y pidiendo misericordia; y es que Dios es celoso, no comparte Su gloria con nadie.

Es Su deleite que dependamos totalmente de Él.

Jamás debemos dejar que el orgullo nos haga olvidar de donde Dios nos ha sacado, ni las muchas misericordias que hace con Sus hijos cada día.

En Deuteronomio 32: 15 la Palabra de Dios describe a Jesurún como alguien que luego de recibir misericordia y prosperidad departe de Dios, le dio la espalda a su Creador y se creyó autosuficiente.  El rey Nabucodonosor experimentó en carne propia el castigo de Dios por su orgullo y soberbia, comió yerba como un  buey, pero cuando que se humilló y clamó a Jehová la razón le fue devuelta. Dios Exalta al humilde y  humilla al que se exalta.

Cuando entendemos lo mucho que Dios nos ha perdonado y lo poco que podemos darle desarrollamos un carácter humilde y misericordioso ante Dios y los hombres.

El pecado favorito del enemigo es el orgullo, por eso llena nuestra cabeza de vanagloria y nuestro corazón de autosuficiencia, haciéndonos sabios en nuestra propia opinión hasta llegar a creer que somos superiores a los demás o que podemos criticar y acusar a otros sin piedad, como lo hacían los fariseos. Ejercitemos la misericordia con los demás como Dios hace misericordia con nosotros.

Si queremos ser levantados, ver nuestros sueños cumplirse y la mano de Dios obrando a nuestro favor debemos aprender a ser mansos y humildes de corazón como lo fue Jesús, quien se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

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